De pronto no sabía qué pensar. Tenía demasiadas cosas dentro suyo. Cosas que desde hacía tiempo había dejado enterradas, y que por algún u otro motivo, ahora salían nuevamente a la luz. Se sentía confundido. Encontraba en ellas recuerdos, emociones y sentimientos que creía haber desterrado de sí. Lo que parecía tan firme y convincente se volvía débil y manipulable, y viceversa. De repente, todo el mundo de cartón que había construido en los últimos años caía frente a sus ojos como naipes apilados, y el estruendo que se provocaba pegaba más en su corazón que en sus oídos.
Notaba demasiadas figuras a su alrededor. Desde hacía algún tiempo no se veía a sí mismo entre tanta gente. Sin embargo, hacia adentro no podía definir concretamente cómo se sentía. Tenía ganas de iniciar cosas, terminar otras, explorar nuevos rumbos y evitar senderos conocidos. Miraba hacia adelante, y aquella imagen que antes le parecía única ahora se volvía un tanto borrosa. ¿Cuánto de su vida estaba definido ya y cuándo restaba por definir? No pudo responderse a sí mismo. Dudaba de todo aquello que antes le daba seguridad. Sabía que aquellos considerados soportes seguían ahí, pero no era capaz de definir qué rol quería que ocupara cada uno de ellos en su vida. Se sentía como un estratega frente a una maqueta del campo de batalla, y aunque era consciente del necesario movimiento de algunas fichas, no era capaz de olvidar el dolor que ello provocaría, en los diferentes frentes de batalla.

Sentía cómo por debajo de aquel mundo perfecto corría un mundo de emociones que debía contener para evitar que ese río subterráneo emergiera provocando desastres. Pero no estaba seguro de querer hacerlo. Una parte de él le repetía incesantemente que el cambio era necesario, y que nuevas ciudades serían fundadas luego de aquel siniestro.
Abrió nuevamente sus ojos. Podía verse reflejado en el blanco opaco del cielorraso. Sin saber cómo, se veía a sí mismo y se preguntaba qué le depararían los próximos días, meses, años. Pensaba en todos los recuerdos que guardaba dentro de sí y en los que aún no habría siquiera vivido, se preguntaba cuánto faltaría para que todos ellos se perdieran en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.
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