Textos para pensar en voz alta…

SOBRE MI

Nací el 29 de noviembre de 1989 en la ciudad de Río Tercero, Córdoba. Soy el menor de tres hermanos y el único varón; llegué casi de imprevisto, 2 años y 8 meses después de mi hermana Lety, la del medio. Me crié en un entorno de mucha contención familiar, con abuelos-amigos, padres exigentes pero bondadosos y hermanas que me mimaban y me peleaban a la vez.

Mi infancia, atravesada por los años noventa, transcurrió entre tardes de bicicleta, escuelita de verano, Family Game, Power Rangers, recreos en los que salíamos corriendo al kiosco a buscar las papitas con el tazo o la figurita que nos faltaba, y series como Dragon Ball Z y Pokémon. Amante de ir a la escuela para disfrutar con mis amigos, mi mamá recuerda que, desde muy chico —a los tres años—, me paraba junto a la ventana media hora antes para esperar el transporte escolar rumbo al jardín “Conejito Saltarín”, con guardapolvo anaranjado y conejito bordado en el pecho, para jugar con mi amigo Edu. La primaria quedó marcada por cartucheras con cierre, mochilas con carrito, uniformes rayados con corbatín bordó, álbumes de figuritas y muchas tardes de fútbol en el patio de casa, creyéndonos Riquelme, Palermo o el Mono Navarro Montoya.

Como todo adolescente curioso y lleno de preguntas, atravesé el secundario con buenas notas, pero también con más de una discusión con algún profesor, situaciones que hoy entiendo desde otro lugar. En el último año surgió la oportunidad de irme a cursar a Alemania; algo que finalmente no ocurrió, pero que me marcó de distintas maneras.

Al salir de la facultad comencé a trabajar en empresas de arquitectura ligadas a otros países, salvo por un año en el que ayudé en la construcción de la casa de mi hermana. Fue una experiencia de mucho aprendizaje, pero también de estrés y sufrimiento, que me dejó un miedo absurdo por las obras. Volví entonces al ámbito empresarial y terminé viviendo algunos años en Estados Unidos.

Hoy, de regreso en Argentina, casado con Dana -mi esposa- y con una perrita llamada Morena; y con otras ideas sobre lo que significa el crecimiento profesional, la familia y los amigos, dedico mis días a trabajar en la oficina, pero también a disfrutar un poco más y a recuperar el tiempo perdido en lo afectivo y emocional.